La primera vez que vi la ciudad de San Petersburgo ( en un documental televisivo) me sorprendieron dos estampas: una. la increíble belleza arquitectónica, sus palacios sus viejos templos ortodoxos, sus canales, puentes y esa atmósfera seductora de una ciudad que aunque en horas bajas, no puede ocultar la huella de un esplendoroso pasado.
Y dos. Me resultaba familiar de forma inexplicable, si tan sólo nunca me lo hubiese mostrado el lonely planet, o si simplemente nunca pueda o quiera ir a visitarla, habria podido recrearla de forma bastante aproximada, y la imagen que tenia en mi cabeza, no dista mucho de las postales televisivas que he podido ver. ¿Por qué?
Gracias a Dostowiesky, a sus mágicas evocaciones en "Las noches blancas" a los desvariados paseos de Raskolnikov, por las estrechas y sombrias calles, sus canales y puentes mientras le consumia la febril angustia homicida, si ya habia estado allí, con Chejov y "su dama del Perrito"
Y también en Dublin, de la mano de Leopold Bloom y Stephen Dedalus en su particular viaje en forma de odisea de un día por el carácter irlandés.
También estuve en Alejandria con Durell, y hasta puedo evocar su exotismo multicultural, su olor a especies y el calor que consume el interior de los amores que nunca podremos tener, En Kenia pisando su rojiza y agreste tierra de la mano de la la baronesa Karen blixen y su perro pania,
En parma con Fabricio Del Dongo, en Paris con Eugenio de Rastiñac y Julien Sorel, en los rincones más sordidos de los angeles siguiendo la pista del infalible detective Marlowe...
Conozco muchos sitios sin haber ido, los podria describir con detalles, y tiene gracia cuando mi economia siempre se ha caracterizado por ser alergica a la simple posibilidad de abundancia,
confieso que soy adicto a la lectura, sin embargo he descubierto que es sólo un sofisma que distrae bajo una falsa "intelectualidad" mi verdadera y escondida pasión... Me gusta viajar, me apasiona la geografía en general y la orografía humana en particular, me pierde intentar comprender por qué somos tan distintos, y a estas alturas del partido, lleno de compromisos y responsabilidades, soy consciente que hay sitios a los que nunca iré, y a otros pocos lograré llegar por mi entusiasta esfuerzo, pero me sostiene pensar que mientras viva, intentaré conocer muchos más, con indiferencia de que las páginas me coincidan después con las editadas por el lonely planet o La national geographic.
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