Como consecuencia del estreno de la última pelicula del realizador colombiano Victor Gaviría ( La vendedora de rosas, Rodrigo D. No futuro) He sido testigo en diversos foros de la tremenda animadversión que suscita en el común de la gente, la imagen, inocente cruda e implacable de las secuelas aún latentes que ha dejado en la sociedad colombiana el fenómeno del narcotráfico, y por extensión la terrible espiral de violencia por la que ya varias generaciones hemos tenido que abrirnos paso.
Se le critica a Gaviria su fijación por los desheredados, la deseperanza y crudeza de sus historias, pero sobre todo le preocupa al grueso de los espectadores "la imagen que da de nuestro país en el exterior"
Esto me recuerda fenómenos muy parecidos con el cine emergente de paises hermanos, hasta hace muy poco tiempo la mayoria de los argentinos se avergonzaban de sus producciones y criticaban la casi exclusividad de las peliculas en el tema de la dictadura y sus nefastas consecuencias por todos conocidas, entre otras cosas gracias a esos pioneros directores valientes y comprometidos.
Ahora el cine argentino, contrario a la realidad social y económica del país goza de inmenso prestigio y reconocimiento en el exterior, y no propiamente mostrando al 20% de la población que vive bien, la explosión de la crísis coincidió con la irrupción de realizadores jovenes como Campanella o el resurgir de nombres consagagrados como Adolfo Aristarain, entre otros con historias que de forma irónica y sin complejos, se alimentan de esa crísis.
En España todavía hay mucha gente que siente verguenza de su cine, y ni hablar del que se hacia hace 20 años estando en furor la "movida" madrileña, directores como Almodóvar han sido denostados y despreciados por el público por tratarse sus trabajos casi monotemáticos de personajes atormentados, marginales travestis putas y demás parias urbanos de un país que empezaba a salir de su letargo franquista, y no necesitaba, según sus críticos, mostrar siempre lo peor de una sociedad que queria abandonar el subdesarrollo.
Necesitó Almodóvar ser reconocido en todo el mundo para ser tratado con respeto y llenar salas también en España.
Es un hecho, cuando nos acostumbramos a vivír entre la opresión, la barbarie, la miseria, el miedo o la corrupción, perdemos la sensibilidad y empezamos a tratar de sobrevivir mirando para otro lado, pero no por eso la desagradable realidad desaparece, a veces hace falta que alguien la registre la humanice, la eternice, y nos la ponga enfrente de la cara para darnos cuenta que un país no deja de ser miserable ni una sociedad enferma se va a curar tan sólo por que no se conozca en el exterior su peor cara, llega un momento en el que es necesario ver el cuerpo desde afuera, sobre todo cuando todos hemos sido tan verdugos como los que más, aunque sea desde la simple indiferencia.
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